He escrito una respuesta al señor Calles por su entrada “15-M. No nos representan” en su blog. No tengo la más mínima esperanza de que responda, ni siquiera de que la lea, pero al menos me he quedado agusto escribiendo. Aquí la reproduzco:
Señor Calles,
Soy un ciudadano madrileño más que viene participando en las movilizaciones del movimiento 15-M y que estuvo el pasado sábado 11 de junio en la calle Sacramento durante el Pleno del Ayuntamiento. Le escribo en respuesta a la entrada de su blog del 12 de junio con el título “15-M. No me representan”.
En primer lugar quería lamentar los hechos que señala sufridos por usted y por su familia, golpes al coche, insultos, etc. Creo que la violencia no es la forma de resolver los problemas de la sociedad actual, al igual que creo que la forma en que la Policía Nacional trató a los concentrados en el ayuntamiento, en Madrid y en otras muchas ciudades, no es la correcta.
También quiero expresarle mi sentimiento personal de que no todos los políticos son iguales, y no todos son corruptos, aunque cada vez sea más difícil afirmar esto a la vista de las noticias que leemos cada día. Creo que son muchas las personas que entran en política en busca del beneficio personal y del de sus allegados, de la mano por debajo de la mesa, de la concejalía de urbanismo y del amigo constructor, pero creo sinceramente también que muchos concejales, alcaldes y diputados entran en política para intentar mejorar su pueblo, su barrio o su ciudad, haciendo un servicio a sus conciudadanos. El problema es que la inmensa mayoría de esos políticos vive en un mundo paralelo completamente alejado de la sociedad, un mundo de mítines, visitas a los barrios en época de elecciones y cocktail posterior a cargo del contribuyente, peleas e insultos con el del otro partido. Electoralismo puro y duro.
En España vivimos la política como si fuera fútbol: yo soy de mi equipo, tú eres del otro, y quiero que gane el mío. Hace tiempo que dejó de ser un servicio a la sociedad para convertirse en una lucha de poder para ganar al otro y sentarse en el sillón; en un juego en el que han entrado millones de ciudadanos que se informan por las televisiones afines, con reportajes realizados desde los propios partidos políticos, y que cada cuatro años, y sin haberse leído los programas electorales, van a depositar su papeleta para darles a ustedes otro cheque en blanco para dirigir el país a su antojo durante una legislatura. Después utilizarán esos votos para aplicar recortes al mandato de “los mercados” y del FMI, de los grandes empresarios que se reúnen en la Moncloa para decirle al gobierno lo que tiene que hacer, en contra de los intereses, las ideas y la opinión de los millones de personas que les votaron y de los millones que no lo hicieron, convirtiendo en papel mojado el programa electoral. Y más tarde explicarán en la televisión, en ruedas de prensa sin preguntas y con el apoyo de opinadores afines que no queda más remedio y que es el precio de la crisis, mientras los bancos y las empresas de los que les han dictado los deberes siguen batiendo récords de beneficios. Tenga usted el valor de decirme que ustedes estaban pensando en y representando a sus millones de votantes en las pasadas elecciones generales cuando tomaron estas decisiones, y piense en porqué han tenido ahora estos resultados electorales. Y tenga el valor de explicarme, si vivimos en democracia, porqué no se consulta, por ejemplo mediante un referéndum, la opinión de los ciudadanos sobre estos asuntos que marcarán para siempre el resto de sus vidas.
Dice usted en su entrada: “estos sujetos que cuestionan la democracia”. No señor. No cuestionamos la democracia, sino el sistema en que la han convertido ustedes. Nosotros queremos Democracia, queremos participación, queremos decidir sobre los asuntos que atañen a nuestra vida cotidiana, y no decidir sobre quién decidirá por nosotros. Dice también que “insultan a tantos y tantos que dejaron su vida en la lucha contra el franquismo y consiguieron la democracia”. Yo le pregunto a usted que piensa que dirían todas esas personas que lucharon y murieron por la libertad si vieran en qué han convertido la democracia. Si murieron para que sus hijos y nietos pudieran elegir entre votar a Cánovas o a Sagasta. Si murieron para que el valor voto dependa del partido al que se vote y la provincia en que se viva. Si murieron para poder votar una lista que contenga imputados por corrupción. ¿Que dirían si pudieran preguntarse si valió de algo?
Dice que “Esa libertad que tienen de concentrarse y manifestarse es fruto de la lucha de los socialistas”. Por poner un par de ejemplos, ¿se refiere a ese derecho a manifestarse pacíficamente para ser golpeados por la Policía Nacional dirigida por la delegada del gobierno de su partido? ¿O las manifestaciones, también pacíficas, fuertemente reprimidas hace unos años por una vivienda digna, y también bajo las órdenes de Soledad Mestre? En serio, la lucha de los socialistas… ¿qué pensaría Pablo Iglesias si levantara la cabeza?
Habla en su post de Magerit, centro apoyado desde el 15-M para evitar su cierre. Habla también de “servicios públicos gratuitos y de calidad”. Se que si le hablo de educación y sanidad me hablará de Esperanza Aguirre; ella tampoco me representa. Pero sí le puedo hablar de recortes sociales, del sueldo de los funcionarios, de la prestación a los parados de larga duración, de SICAVs y subidas del IVA, del impuesto de patrimonio, de EREs masivos, de abaratamiento del despido, del pacto del Euro, de la jubilación a los 67 años, de la negociación colectiva… Dice que “no siempre se ha podido ir a la universidad, ni que ésta fuese gratuita”, yo le digo que eche un vistazo al plan Universidad 2015, o que me explique de qué vale la un título universitario con un 42% de paro juvenil. Si viviéramos en Islandia muchos banqueros y constructores estarían en la cárcel, y los señores Aznar y Zapatero estarían siendo procesados, al igual que una serie de ministras de vivienda, por haber inflado la burbuja inmobiliaria con el famoso “los pisos nunca bajan” hasta el punto en que nos encontramos ahora. Señor Calles, dice usted que aspira a representar una sociedad pero en la práctica su sistema, su casta política, su partido y los otros partidos, representan una muy distinta.
Reitero mi comentario inicial: lamento las actitudes violentas que tuvo que sufrir su familia en el ayuntamiento, pero pienso que es mucho más violento el salario mínimo, la tasa de paro, un despido, una hipoteca a cincuenta años o un desahucio. Eso si que es una experiencia que a “nadie se la deseo”.
Dice por último: “Hemos sido condescendientes. Comprensivos. [...] Se lo que quiero y lo que queremos los socialistas. Lo que quiere la gente de bien. Lo que tengo que hacer para que los que más lo necesitan tengan una vida mejor. Tengo que trabajar. Luchar por mis ideales en un colectivo: mi Partido, mi Sindicato, en el órgano de representación de la sociedad.” No se equivoque. Condescendientes hemos sido nosotros, pero ya no vamos a ser comprensivos. Su partido, su sindicato y su órgano de representación se nos han quedado pequeños. Mejor dicho, se nos han quedado viejos. No queremos partidos y sindicatos que no velan por el interés de la ciudadanía. Llevan tiempo mirando para otro lado y lo peor de todo es que todavía piensan que lo están haciendo bien. La conciencia social les ha sobrepasado y todavía no saben cómo deberían reaccionar, y lo último que han hecho es preguntarse qué quiere toda esa gente y si ustedes podrían estar equivocados. Lo demuestra sacando a colación unas declaraciones de la ex-esposa de Amancio Ortega, en vez de informarse realmente sobre “de qué va todo esto”. Veían el 15-M como una forma de involucrar a los jóvenes (y no tan jóvenes) en la sociedad, pero finalmente se han involucrado más de lo que les interesaba, se han salido del redil que les tenían asignado y están viendo que no pueden controlarlo como les gustaría, y por eso ahora nos atacan. En una cosa sí tiene razón: vamos a trabajar por una vida mejor y vamos a luchar por nuestros ideales.
Atentamente,
un ciudadano.
PD: Sinceramente no espero respuesta a este correo como una muestra más de la separación políticos-sociedad, pero apreciaría mucho conocer su opinión al respecto de mis palabras y cualquier respuesta sería una gran sorpresa.